Desde hace más de tres meses el Ministro de Educación tiene en su escritorio una petición de investigación del lucro en las universidades privadas: no ha hecho absolutamente nada al respecto. Parece que confía en que no pagará costo alguno por su inacción. La misma creencia mantiene a propósito de las demandas estudiantiles: no ha dado satisfacción suficiente a las mismas y piensa, junto con el Gobierno, que el conflicto llegó a su final y que resultado es altamente favorable para La Moneda.
Al parecer la sensación de victoria de los inquilinos de Palacio se funda en la aprobación del Presupuesto.
El regalo por el cual se alegran, que vino de mano de diputados díscolos, no termina con una preocupación seguramente ya instalada en las mentes más reflexivas de Palacio: no consiguieron los votos de aquellos con quienes en el pasado levantaron su negocio educacional. Los complacientes de la Concertación les fallaron. Las bases de sustentación política del modelo neoliberal empiezan a presentar sus primeras fracturas.
Por otra parte, puesto que se trata de un gasto gubernamental mezquino, dicha alegría exultante no irradiará más allá de La Moneda. Lo que aprobaron no satisface las demandas de amplios sectores.
Bulnes y compañía pierden de vista que el escenario en que se desenvuelve la política nacional cambió de manera significativa y dicho cambio no tiene retroceso, es más, se pasará a una nueva fase como consecuencia de las elecciones que se avecinan. El movimiento educacional y ciudadano presenta hoy día una faceta política que no cabe desatender. Hacerlo podría implicar el pago de un alto costo.





