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Eric Eduardo Palma

PIÑERA Y LA UDI CONTRA LA POLÍTICA: UN CASO GROSERO DE MANIPULACIÓN

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La UDI ha logrado imponer al Gobierno, aunque parcialmente, el discurso según el cual sólo le cabe al Ejecutivo preocuparse de los problemas reales de la gente y no de los asuntos políticos. Se trata de una de las manipulaciones más groseras de la historia política chilena.

¿Cómo se entiende que sean los propios parlamentarios y el Presidente de la República los que desprestigian la política? Dos datos históricos. Primero. Pinochet desplegó de manera reiterada y sistemática un discurso en contra del Parlamento, los partidos políticos y los políticos. El dictador les negaba toda contribución al desarrollo del país y los hacía responsables de las crisis nacionales. Segundo. Personeros ligados a la UDI fueron los principales defensores en la original Constitución de 1980 de los instrumentos que limitaban los efectos de la votación popular en la configuración del poder. Ellos crearon la figura del senador designado (es decir no elegido por votación popular) y el sistema binominal (un sistema electoral que no transforma en poder político la votación popular). Datos del tiempo presente: los políticos y parlamentarios de Derecha son los que se oponen hoy día a que la Educación Cívica sean un ramo obligatorio en la formación escolar. Las encuestas muestran la falta de adhesión de los chilenos a las instituciones políticas.

La UDI, y no Renovación Nacional, por eso resulta sorprendente que Piñera adhiera hoy día a esta visión, está comprometida de manera instrumental y no por convicción con el sistema democrático tal como se ha vivido en Chile desde 1870 en adelante. Piensan, como Pinochet, que se puede gobernar sin partidos, es decir, sin Parlamento y sin política, o mejor dicho, con una política que no requiere de debates parlamentarios, partidos políticos, discusiones de cara al pueblo y participación popular. Lo suyo, como dice Bravo Lira, es una suerte de despotismo ilustrado: todo para el pueblo, nada con el pueblo, sobre todo si ello implica seguir la opinión del pueblo. Baste recordar en relación con esto el ya histórico golpe de estado de los coroneles de la UDI que implicó una reordenación del partido desde la cúpula. Militantes decepcionados por la falta de participación terminaron en los tribunales demandando se respetara su derecho a elegir a los líderes del partido: ninguna figura pública connotada del partido los apoyó y perdieron su causa en los tribunales.

Tal como ocurría con Pinochet es claro que la UDI y Piñera están más cómodos con la opinión de los expertos. Lo suyo es el gobierno de los amigos, ojalá si son tecnócratas de Chicago. Cuando ellos, siguiendo el ideario del dictador, desprestigian la política, en verdad lo que desprecian es que el pueblo pueda incidir en las cuestiones públicas

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El asunto se vuelve una manipulación grosera cuando por medio de este discurso pretenden separar los problemas de la gente de la actividad política, es decir, cuando quieren hacer creer a las chilenos, carentes hace años de formación cívica, que los problemas de seguridad, empleo, vivienda, salud, educación, etc., no están relacionados directamente con la composición del Parlamento y con la acción de los partidos. Baste recordar la discusión que suscitó este año el Presupuesto Nacional para comprender la falacia en que incurre Piñera y la UDI. A la luz de este problema se viene abajo su discurso de que la composición del Parlamento y el sistema electoral no tiene que ver con las cuestiones que la población nacional desea ver resueltas.

Las encuestas arrojan efectivamente un deterioro de la percepción favorable de la actividad partidaria y parlamentaria, sin embargo, ello es efecto, en parte importante, del propio discurso del Presidente de la República y de la UDI en contra del sistema político. Su desprestigio implica entregar la conducción del país a los amigos. Sustituir la democracia por la amistocracia tecnócrata y de paso avanzar un poco más en la vieja idea que el pueblo no está preparado para intervenir en los asuntos públicos.

El desprestigio de la política es un caso de grosera manipulación para mantener alejado al pueblo de las decisiones que interesan a todos. Habiéndose caído varias de las instituciones que crearon en la década de 1980 para privar al pueblo del ejercicio de la soberanía, no dudan en confundir a la opinión pública introduciendo una pugna inexistente entre problemas reales de las personas y la actividad política. De esta manera salvaguardan para sí los espacios en que se ejerce el poder y en los que de estar efectivamente representado el pueblo, se adoptarían decisiones a favor de sus intereses y no de los que sostienen la amistocracia tecnócrata que nos gobierna.

 
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Eric Eduardo Palma G.
Abogado
Doctor en Derecho